Francisco reconoció "graves equivocaciones" en el caso Barros

Víctimas de Karadima confirmaron que fueron invitados al Vaticano

Víctimas de Karadima confirmaron que fueron invitados al Vaticano

El papa Francisco reconoce que cometió "graves equivocaciones de valoración" en el caso de los abusos sexuales a menores en la Iglesia católica chilena.

"La salida del obispo Barros es necesaria mas no suficiente".

Bergoglio dijo se reunirá con "representantes de las personas entrevistadas", nada más ni nada menos que las propias víctimas en la investigación que ordenó al arzobispo Charles Scicluna a finales de enero.

"En tanto Francisco hable de errores, pecados y omisiones y no se refiera a los hechos como delitos, a los perpetradores como delincuentes y entregue los antecedentes que tiene a la justicia ordinaria de los países en cuales se cometieron tales crímenes, nos mantenemos lejos de la justicia", asegura el grupo en una misiva.

Karadima había sido un favorito de la jerarquía católica. Sus víctimas acusaron a varios jerarcas de encubrirlo para proteger la reputación de la iglesia.

También sostuvo que el exarzobispo de Santiago, Francisco Javier Errázuriz, "demoró, ocultó en cierto modo todo lo que fueron las denuncias de hace muchos años".

A pesar de esto, Francisco designó a Barros obispo de la diócesis sureña de Osorno en 2015, al sostener que la Iglesia había investigado las denuncias y las consideraba infundadas. "Yo espero una evidencia para cambiar de sentido", explicó Francisco en esa ocasión.

Scicluna y su colega, el reverendo Jordi Bertomeu, entrevistaron a víctimas de Karadima en Chile y Nueva York.

La visita de Scicluna, prolongada por la necesidad de someterse a una operación de emergencia de la vesícula biliar, despertó grandes expectativas en Chile.

Dentro de las medidas que pide el Sumo Pontífice, le solicitó a los 32 obispos de la Conferencia Episcopal que viajen a Roma para entrevistarse con él, para discernir sobre las decisiones que deberán "a corto, mediano y largo plazo".

Karadima fue suspendido de por vida de sus funciones y sus víctimas acusan a Barros de ser conocedor de sus crímenes y haberlos encubierto, algo que este último niega.

Las víctimas dicen que el escándalo de Barros es apenas emblemático de una cultura en la Iglesia chilena que encubre a los abusadores, les aplica sanciones mínimas o los traslada en lugar de aplicar la política estadounidense de expulsar al abusador después de la primera falta.

Santiago de Chile (EFE).

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